Con bicicleta se puede recorrer toda la isla sin esfuerzo, disfrutar de cantidad de playas y ver cómo viven, parando donde más plazca. Aquí se vive en casas terreras o bungalows, normalmente heredados de sus ascendientes, diseminados por toda la isla. Esta está circunvalada por 2 carreteras, la de la costa (la turística) y la interna (donde habitan la mayoría de los paisanos).
Hacia el este se llega en casi una hora pedaleando a la zona más bonita y segura para el baño, y donde mayor presión turística sufre, a la Laguna de Muri
Uno de los mejores pateos que he hecho fue atravesar la isla, empezando a las 7 de la mañana, entre senderos de frondosa vegetación, selva papuana, y todo tipo de especies autóctonas de altura, hasta los casi 600 mts. alcanza el sendero, que pasa por el Pico de la Aguja. En 4 horas, tranquilamente, se puede realizar, con las obligadas paradas para fotografiar, beber o descansar. Es difícil perderse en una isla tan pequeña, pero cierto
Lo único que me ha roto los planes ha sido la imposibilidad de pescar dentro de la laguna, pues los peces están contaminados ya que se alimentan de algunas algas y corales, que en algunas zonas son venenosas. El corte con el coral, en ciertos lugares, puede acabar en una grave infección, y pescar sobre la barrera de coral también es peligroso por cómo rompen las olas. Últimamente ha habido olas grandes, pero no he visto a ningún surfero por los alrededores. Varios puntos son muy buenos para surfear. Algunas inmersiones de gafas y tubo para ver los preciosos peces y arrecifes de colores, pateos y baños en la piscina del complejo donde me quedo ha sido el que hacer casi diario. Ayer llovió ligeramente todo el día, y hoy por la mañana un poco más. Ha sido perfecto para descansar y seguir planeando la próxima movida, que podría ser unos saltos de avión entre varias islas durante un par de semanas, y donde el turismo es escaso.